TiflogLibros

Lunes, 07 de abril de 2008

C:\ >Cr?nica sobre la presentaci?n de nuestra nueva y gran casa!

Algo muy importante que tuvo el 2007, fue la concreción de un sueño, el espacio grande y adecuado para las actividades de Tiflolibros y Tiflonexos.
Gracias al apoyo de la Fundación Williams hoy tenemos una sede con espacio enorme para nuestras actividades y para seguir creciendo. El 22 de noviembre festejamos por primera vez en nuestro propio espacio el cumpleaños de Tiflolibros. He aquí la crónica de Marta Traina sobre el acontecimiento.

Hola a todos, atendiendo al clamor popular que pide relatos acerca de la inauguración de la nueva sede y el festejo de cumpleaños de Tiflolibros, aquí tendrán un esbozo claramente impreciso y absolutamente parcial del acontecimiento. Invito a quienes deseen aportar su propio comentario, adelante, serán bienvenidos.  

Marta.   

Crónica cumpleañera e inaugural.  

Noviembre 22   

Las horas avanzaban veloces, y el calor de la tarde se hacía sentir cuando en la casa de Alsina la actividad llevaba un ritmo constante. Mientras unos retiraban materiales de construcción hacia el fondo, otros llevaban baldes de agua hacia el patio de adelante. Ese mismo patio techado, que luego se cubriría de sillas para recibir a las visitas.  

Detrás de una caja de sandwichs y rodeada de bolsas con bebidas llegaba Silvana dando indicaciones sobre donde ubicar la enorme torta con la insignia Tiflolibros.  

Los primeros en acercarse tuvieron su premio, colaborar con los últimos preparativos para el festejo. Hubo quienes acomodaron bandejas, otros que inflaron y colgaron globos rojos, ubicaron sillas y luego ubicaron en ellas a los mismísimos invitados.  

El equipo de sonido estaba preparándose para amplificar la linda voz de la conductora Elvira Vasil, que paseaba por la cocina hablando sola pero con unos papeles en la mano para darle un toque de normal nerviosismo al acto.  

No era la única que hablaba sola, a la cancionista Roxana Luz le pasaba algo semejante, pero buscaba sus interlocutores. Es que reconoció que era la primera
vez que entonaría un tango en italiano, una lengua que no habla, y no le hubiera venido mal un trago no para olvidar sino para entonarse y perder el pánico
escénico que la intimidaba.  

Alrededor de las 19, la hora señalada el patio ya estaba lleno, y Nélida Razuk correteaba de la puerta hacia la cocina, es decir a todo lo largo del patio,
observando los pocos lugares que quedaban disponibles.  

La gente seguía entrando, algunos acompañados con sus perros-guía, otros acompañados con sus humanos-guía y otros a la deriva por completo, pero saludando
a todos y bastante felices.  

El primer desvío desde el pasillo de acceso conduce al local, la única sala de la casa que da a la calle, donde un grupete se ubicó. Parecía algo así como
el VIP con baño privado y todo.  

La tertulia se mantenía en la cocina que luego devino en centro de operaciones, y coordinados por Ángela y Maxi, todo el que se acercaba a buscar un vasito
o a saludar nomás, terminaba con una bandeja de empanadas para repartir al finalizar el acto.  

Es un funcionario! Es un funcionario! - le decían a Norma con respecto al caballero ubicado a su lado. Caballero que conoció cuando lo presentaron desde
el frente y todos supimos que el diputado porteño Mario Morando estaba presente para celebrar con nosotros.  

El tío Ricardo, nuestro padrino tecnológico también asistió, a pesar de que esa noche se realizaba la fiesta de su propio newsletter. No sabemos si a causa
de la dieta con la que redujo 30 kilos, o en rebeldía a la misma y para irse a comer a su festejo, anunció que no se quedaría al despilfarro de hidratos
de carbono previsto para el brindis.  

Los más jóvenes, que en esta oportunidad eran pocos mocositos entre 1 y 9 años, descubrieron que lejos del patio repleto de gente identificándose y saludándose,
había un patio abierto al que se llegaba por detrás de la cocina. Tal como es de prever, la cocina concentró el interés de todos, ya sea como meta final
o sólo como medio.  

Tuvimos el cuidado de no ofrecer alcohol durante el ingreso para que los invitados no crean que la confusión de personajes y apellidos tenía origen etílico,
y pudieran comprender todo bien frescos, bueno, todo lo frescos que se puede estar en noviembre en Buenos Aires.  

Sobre parientes y apellidos, viene la parte de las aclaraciones: La Fundación Williams aporta un porcentaje del alquiler de la nueva sede de Tiflonexos.
Representando a la Fundación, asistió Alberto Lecuona, a quien amigablemente Pablo Lecuona bautizó como Tío. Un tío que podría serlo en virtud de llevar
el mismo apellido que el presidente de Tiflonexos, pero que sin embargo, no conserva ningún parentesco sanguíneo. Por el camino hacia el micrófono venía
el nuevo Tío quejándose por el título con que se vio designado, y admitió que hubiera preferido oficiar de primo y acortar así la distancia, pero, ya actuando
como un verdadero tío, aceptó la propuesta de Pablo. integrado a esta gran "familia" Alberto Lecuona, el tío, destacó la polenta de la organización, y
comentó que habitualmente son las asociaciones las que acuden a pedir apoyo a la fundación, pero en este caso ocurrió lo contrario: la Fundación conoció
la labor de Tiflonexos y se contactó con nosotros. Originales, verdad?  

Luego de los discursos y agradecimientos de los que monopolizamos el micrófono, vino la etapa musical como para preparar el ánimo de los concurrentes para
el gran coro final: el feliz cumpleaños ante la gran torta blanca en la que destellaba la brillante velita.  

El servicio de lunch estaba operando a pleno, y había que esquivar bandejas de sandwich y de bebidas que iban y venían en manos de Lucas y Silvana. Hasta
el Dr. Paris, de la Asociación de oftalmólogos ayudaba como guía, evitando choques con las puertas abiertas y semiabiertas. Muchos cantamos, todos nos
felicitábamos, casi todos brindamos con champagne y todos estábamos contentos con el nuevo espacio.  

Hasta la gente de la parrilla de la esquina supo de la celebración, dado que tuvimos que ir en comitiva a pedir prestado un cuchillo para repartir la tentadora
torta. Cuando regresamos, arma blanca en mano, la gente ya se dispersaba un poco, permitiéndose un recorrido que al inicio del acto era difícil debido
a la cantidad de invitados.   

Como para definir el cierre, comenzó a caer una tenue llovizna que a medida que cobraba fuerza aceleró las despedidas.  

Mientras esta cronista se alejaba, la garúa atenuaba las voces y saludos de los que permanecían en la vereda.  

Ya les presentamos nuestro nuevo lugar, empieza aquí otra etapa, en la que nos gustaría que nos sigan acompañando como hasta ahora.  

Buenos Aires, en noviembre.    


Publicado por PablolTFL @ 20:50 | 0 Comentarios | Enviar